Para aproximarnos al estudio de la obra científica alfonsí tomando como
ejes temáticos, la magia, la astrología y la astronomía, debemos deshacernos en
primer lugar, del pensamiento vigente, que desestima la interacción entre dichas
materias, considerándolas incluso contradictorias y ajenas entre ellas. Durante la
Edad Media, el concepto de ciencia no estaba tan definido ni delimitado como
en la actualidad, y es que al principio, se la identificó con las denominadas artes
liberales o “trívium” (gramática, retórica y dialéctica), hasta que posteriormente
se incluyeran las artes técnicas o “quadrivium” (aritmética, geometría, música y
astronomía). En este sentido, se entendía la ciencia como un arte, como una
disciplina con una técnica propia, y también, como el procedimiento necesario
para llegar al a adquirir un conocimiento superior. Cercana a la ciencia, estaba
la magia, considerada como la investigación de las ciencias ocultas de la
naturaleza, y realizada a través de dos vías: primero, a través del estudio, la
reflexión y aprovechando las fuerzas de la madre Naturaleza, lo que
denominaríamos “magia natural” y en segundo lugar, aquella que mediante la
intervención, el pacto con el Demonio, consigue controlar la Naturaleza, y
actuar sobre ella para alcanzar sus objetivos, o lo que es lo mismo, la
“Nigromancia”
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La astrología y con ella la astronomía, en el Occidente Medieval, pasaron por dos
momentos clave y radicalmente contrapuestos: el primero, que coincidió con los
primeros siglos tras la caída del Imperio Romano de Occidente, de declive y abierta
decadencia, y el segundo, a partir de los ss. X y XI, de recuperación y esplendor.
En el primer caso, hay que advertir que esa decadencia, que afectó sobre todo a las
élites intelectuales –hemos de suponer que debieron seguir existiendo prácticas
populares cercanas a la superchería y a la magia–, fue debida no sólo a la inestabilidad
política motivada por las invasiones germánicas y a la desaparición de la cultura y de la
enseñanza de tipo clásico practicada hasta entonces, sino sobre todo a la actitud
represiva e intolerante de la Iglesia occidental frente a la astrología, mientras que en
Oriente la actitud general fue mucho más tolerante
Para las ciencias profanas habituales, el tiempo es neutro. Una hora es una hora. Puesto que observan al hombre como una mecánic...