En la Edad Media, los alquimistas trataban de fabricar oro trasmutando un metal en otro; tal es el concepto más corriente acerca de esta ciencia tradicional. Pero, ¿querían sólo fabricar oro, y fue únicamente la Edad Media la que se benefició de sus actividades? Contrariamente a la opinión generalizada, no está excluido que la alquimia sea practicada en nuestra época y, entre otros, en Francia, tal como se hacía en tiempos de Alberto Magno, por ejemplo. Numerosos alquimistas conocidos laboran en el horno, y un número aún más elevado de ellos trabaja en secreto y a espaldas de todo el mundo. Existe incluso un colegio iniciático de alquimia, que se ampara en la doctrina Rosa-Cruz, el cual agrupa algunas decenas de miembros. Me ha parecido, pues, interesante, al comienzo de esta obra, y al objeto de entrar directamente en el meollo del asunto, entrevistar a uno de esos alquimistas modernos e interrogarlo sobre su arte. Señalemos que él no se definiría a sí mismo como alquimista, pues ya no trabaja actualmente en el laboratorio, sino como un «amante de la Ciencia», expresión que designa a una persona iniciada en ciertos arcanos de la alquimia, pero que no trabaja en la actualidad en la elaboración del magisterio filosofal, dicho de otra manera, de la Piedra.






